10-09-2008

Solidaridad Silenciosa en Cuesta Colorada.



Solidaridad Silenciosa en Cuesta Colorada, Ramaditas 1973.



Hace casi un año, tuve acceso al libro “Gente en el Alma, Crónica de una solidaridad silenciosa”. Su autor es el ex regidor, diputado e Intendente de Valparaíso, Luis Guastavino Córdova. En sus más de doscientas hojas, nos grafica y testimonia de manera muy detallada su largo y obviamente accidentado camino al exilio, partiendo desde su hogar a los pies del Cerro Rocuant en Enrique Cood 411. En el comparten el protagonismo varios vecinos de Ramaditas y Rocuant. Hoy ya no están con nosotros, pero son el recuerdo e ícono de una generación marcada por los sueños y la consecuencia. Entre otros recordamos a Carmen, Enrique, su hijo y Lenin Olmos.


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Me sorprendió el relato, dado que en mi calidad de habitante pasajero de Rocuant, Cuesta Colorada y finalmente de Ramaditas, logré informarme recién de la travesía de Guastavino y su obligada clandestinidad a partir del mismo 11 de septiembre de 1973. Por más de un año logró traspasar los miedos, sensaciones y suspensos diarios a un libro elaborado de cuanto papel tuvo a mano, “Las hojas que escribí eran papeles sueltos que iba entregando para que me los guardaran en alguna parte o por alguna persona que yo creía seguro”.


Respecto de su deseo de hacer publico sus escritos comenta en su prólogo, “Por muchos años fue ajeno a mi publicarlo. Era impensable. Existía aún el temor de aparecer con nombre y apellido. Había datos imposibles de camuflar, incluso nombres que aún cambiados eran ubicables..” . En fin, el relato se mantuvo pendiente durante 32 años. Finalmente, logró publicar su libro el año 2005 siendo presentado ante un gran público y sobrevivientes de esta solidaridad silenciosa. Según sus propias palabras fue un acto realmente emotivo y de un alto valor después de tanta tragedia. De alguna manera este acto cerraba un capítulo no solo para el ex secretario general del Partido Comunista de Valparaíso, sino para muchos que participaron de forma indirecta o indirecta en su paso hacia el exilio, hecho que se concretó el 3 de julio de 1974.




El ex diputado por Valparaíso rememora su experiencia
junto a la familia Fuentes y Lenin Olmos en

Cuesta Colorada, Ramaditas.


Para la misma fecha el diario El Mercurio, presentó un reportaje que denominó Operación Asilo, en el cual hace una presentación de la situación pre exilio y ubica a varios de los amigos de Guastavino que intervinieron en la acción.


En el libro son decenas las personas que se suceden que van tejiendo colectivamente una cadena protectora que traspasa ideologías, condiciones sociales y económicas. Quizás resulte más sorpresivo y desconocido que un propio capitán del Ejército de Chile, señor Rolando Apablaza Minchel, sea quien transporte finalmente a Guastavino desde Valparaíso hacia la Embajada de Finlandia, en Santiago.


Sobre la huida de Luis Guastavino, se construyeron diversos mitos alimentados por el accionar comunicacional de la dictadura. El que aun se escucha es que vestido de mujer arrancaba con una maleta con dólares, hecho que el propio excapitán desmiente en una declaración jurada.


De todos los compañeros, compañeras, amigas y amigos que aparecen en Gente en el Alma, impacta con relación a la condición de vecinos y simpatizantes de la figura del exdiputado, la familia Fuentes: Enrique Fuentes y su madre Carmen. También reconoce a compañeros de partido de Ramaditas, Rocuant, como Lenin Olmos, joven dirigente comunista para ese entonces que ofrece la casa a don Luis. De ese pasaje Guastavino elogia a Lenin Olmos, “cuando nos reunimos en el estanque (Cuesta Colorada), Lenin me llevó a su casa con Nora y mi hija Carmencita. Andaban los camiones militares por todos lados. Lenin jugó un gran papel, fue muy sereno. Hizo cosas muy riesgosas.”


Menciona con emoción en el relato al dirigente vecinal Ernesto Venegas, al parecer aún viviendo en Ramaditas. Mención especial hace también a la detención en Rocuant de “Castillito”, fotógrafo de Diario El Popular de Valparaíso.


Al leer el libro, se advierte la vulnerabilidad del perseguido, del que buscando protección se siente un objeto tanto de persecución como de protección. En varios pasajes Guastavino se siente un “paquete” que transita de caleta en caleta. Me interesa en este artículo el desatacar algunos pasajes del libro y algunas impresiones rescatadas personalmente en una entrevista realizada en octubre del año pasado con relación a este doloroso proceso que vivió el exdiputado. Quisiera en particular resaltar la figura de Santiago y Carmen, hijo y madre que le dieron asilo provisorio, ahí en la Quebrada de Colo Colo, al final de Calle Esmeralda, Ramaditas por espacio de dos semanas.




Quebrada Colo Colo,

entre Rocuant y Poblacion Sor Teresa.

Lugar de la casa de la familia Fuentes.



Santiago en el libro es en realidad Enrique Fuentes, y en particular sobre esta experiencia y reconociendo el compromiso de Santiago, obrero panificador que ofrece su casa como caleta, el ex – intendente testimonia, comprendo que Santiago no necesita que le den fuerzas ni requiere de ningún blindaje. Su decisión es plena. Me doy cuenta que de que él haría cualquier cosa, cualquiera, por salvarme. En el fondo de mí, concluyo que Santiago identifica el cuidado de mi persona, a lo que ahora está exclusivamente dedicado, como la razón de su vida, seguramente porque condensa en mí una suerte de símbolos de ideales, sueños o aspiraciones que anidan más nítidas o más borrosamente en el fondo de su alma…Pero pienso también que todos los discursos que le hago a Santiago, para fortalecer y blindar su espíritu, realmente me los estoy haciendo a mí mismo en una especie de autoprotección frente a mis propios miedos”.


Quien se suma a la cómplice tarea de cuidado de Luis Guastavino es la señora Carmen, así identificada en el relato. “La compañera Carmen nos dice como suplicando: no importa, se quedan aquí; aquí no les pasará nada…prefiere tener a su hijo (Santiago) cerca de ella. Están con ella Ramón y el Nano, 24 y 22 años respectivamente, hermanos menores de Santiago; y yo comprendo que en días tan tensos esa viuda de 57 años, pensionada del Servicio del Seguro Social, que perdió a su esposo vendedor de flores hace casi 17 años y tuvo que batirse como una fiera para alimentar a sus tres pequeñas crías, ahora, en estos días tan tensos y sabiendo en lo que anda Santiago, siente un recóndito y explicable alivio ante cada fracaso en nuestros contactos y nos recalca otra vez: no importa, se quedan conmigo, aquí no les pasará nada.”





Casa de Luis Guastavino en Rocuant de 1962 hasta 1973.



En otro capítulo y con optimismo se produce el siguiente diálogo con la dueña de casa: “Mire compañera Carmen, ¿sabe lo qué vamos a hacer? Yo le apreto un brazo comunicándole convicción. Cuando hayamos derrotado a los fascistas voy a avisarle a Santiago y la voy a visitar de nuevo. Vamos a poner bandera chilena y la bandera del partido y ya no más silencio ni secretos: vamos a gritar con todos los pulmones que aquí estamos celebrando el contragolpe victorioso del pueblo. ¡Listo¡, me interrumpió. ¡Le voy a tener preparada la cazuela de ave!. Y su sonrisa le ilumina hasta el fondo del alma anhelante de que ese sueño atesorado fuera muy pronto realidad.” Lamentablemente, ese supuesto reencuentro jamás se produciría, ya que Guastavino volvería 13 años después, ingresando clandestinamente a Chile.


Durante el desarrollo de testimonios y relatos de Luis Guastavino, refleja en su libro como deuda pendiente que tiene y tendrá con todos aquellos participantes de su sobrevivencia. Dada su característica albina, Guastavino no tenía buen pronóstico de persistir en su idea de permanecer en Chile.


Al escuchar y repasar los pasajes de este tránsito de su vida, Carmen, la humilde señora Carmen, la vendedora de flores caló profundo en el fervoroso comunista de ese entonces. Con ella nunca se volvería a reencontrar y la cazuela de ave quedó pendiente para siempre. De igual manera los reencuentros con otros compañeros nunca se realizarían. Lenín Olmos, luego del golpe siguió militando activamente en el partido participando directamente en el movimiento gremial de la salud. Falleció el año 1994 por un cáncer al estómago. Su esposa e hijos, siguen viviendo en Cuesta Colorada.


Santiago o mejor dicho Enrique Fuentes, finalmente se exilió en Suecia en donde falleció producto también de cáncer a la garganta. Suponemos que sus hermanos aún viven en Ramaditas Alto.


A través de esta página invito a leer el libro y conocer una de las tantas historias de solidaridad. Ésta de seguro, es una de cientos, escritas de compromiso, valor, sacrificios, miedos y esperanzas, pero por sobre todo que no reconocen status ni condiciones personales. Lenín Olmos, Carmen y Enrique Fuentes, juntos a otros pobladores de nuestro Barrio O´Higgins son un testimonio de esa entrega. Un sentido homenaje a ellos y sus familias en este nuevo 11 de septiembre que el país se apresta a vivir.



Juan Carlos Arriola H.
Memoria Barrio O'Higgins

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