10-09-2007





Soledad Poblete, víctima de violencia política.
14 de Septiembre de 1973 - Barrio O'Higgins



Soledad, Marzo de 1973, 4º Básico.


Soledad Poblete, pequeña habitante del Barrio O’Higgins, de tan solo diez años, un 14 de septiembre de 1973, fue impactada por un proyectil de guerra que entró por la ventana del segundo piso de su casa mientras estaba en compañía de su familia. Esta situación tuvo su origen en un supuesto enfrentamiento entre militares y militantes de izquierda. Su hermano mayor y un vecino, la trasladaron con demora y dificultad hasta la Posta Infantil del desaparecido Hospital “Enrique Deformes” de Valparaíso. Esa tarde Soledad no lograría sobrevivir debido a las graves heridas internas falleciendo pocos minutos después de ingresar a la posta de urgencia.

Los enfrentamientos de ese día, entre personal militar y militantes de izquierda, nunca han sido aclarados ni investigados. La muerte de Soledad es un hecho casi olvidado por su comunidad y su familia guarda celosa memoria de estos hechos.


Después de treinta y cuatros años, parte de sus hermanas cuentan esos momentos, momentos que por cierto han quedado en el olvido y rara vez se conversan en el espacio familiar. Hasta el día de hoy Soledad no forma parte de la extensa lista de víctimas de violencia política con que el Informe Rettig, denomina a quienes fallecieron en circunstancias similares a Soledad.

La familia Poblete, o al menos parte de ella, y pese a los años transcurridos, sigue viviendo en la población en donde sucedió la inexplicable muerte de Soledad. Aunque ya no estén sus padres, ya que ambos fallecieron en el año ’91, pudimos conversar con María, una de sus hermanas y Juan, su esposo, quien sostuvo a Soledad en los brazos durante el trayecto hasta la Posta Infantil.

Juan Silva, consultado sobre lo que en ese entonces vivió, nos comenta “esto fue el 14 de septiembre. El hermano mayor de Soledad, “El Peco”, estaba en mi casa ya que era el pololo de mi hermana. El estaba aquí y lo llamaron desde la casa y por curiosidad lo acompañé”.

Para entender los hechos, se puede decir que el Golpe Militar en la ciudad de Valparaíso, se había desarrollado sin problemas y sin ninguna resistencia por parte de los partidos políticos y movimientos de izquierda. Sin embargo, el día 14 de septiembre, alrededor de las siete de la tarde, se habrían llevado a cabo varios ataques a patrullas militares. Una de los enfrentamientos, según testimonios de la época, se habría dado en el edificio de la Inacap, lugar en donde vigilaba una patrulla de la armada con una ametralladora.

Producto de este ataque, los militares habrían disparado hacia el sector en donde vivía la familia Poblete. En ese momento “Soledad había subido al segundo piso a ponerse una ballerina y cuando ella se enderezó para subirla, ahí la pescó la bala”, afirma María. Recuerda Juan que “el impacto de la bala la cruzó en forma diagonal, la bala salió por la espalda. Nosotros no nos percatamos de eso, solo sabíamos que estaba herida”.

Durante los primeros minutos, su familia evaluó bajar con la niña por una escala que da a la Avenida Washington, sin embargo “los militares estaban alumbrando con focos hacia el cerro, ya que decían que por ahí habían arrancado los supuestos extremistas. Esto pasó más o menos a las siete, ya estaba oscureciendo. Fue por eso que no pudimos bajar por ahí.”

El Mercurio, 18 de Septiembre de 1973.

Dado el desangramiento de la niña por el daño ocasionado en el pecho, su hermano “Peco” y su vecino Juan, la llevaron “a casa de la señora Fresia. Ella se dio cuenta que la herida era mucho más grave de lo que pensábamos”. Luego también la llevaron donde otra vecina, pero el diagnóstico coincidía que la niña necesitaba atención urgente.

Ante la situación finalmente se decide dirigirse hacia Calle Cantú, donde un vecino de nombre Rony, los llevó en su vehículo en dirección a la Tenencia de Carabineros, al lado en ese entonces del Jardín Suizo en San Roque. “Llegamos allá, cerca del Jardín Suizo, donde estaba antiguamente la comisaría y nos hicieron esperar aproximadamente más de media hora con la niña en el auto. La demora se debió a que se estaban coordinando con los militares en el plan para que bajáramos sin problemas”, argumenta Juan tratando de recordar todos los detalles.

Con una bandera blanca atada al vehículo, finalmente lograron llegar al centro de urgencia infantil, el cual estaba instalado en el costado del Hospital “Enrique Deformes”, en la primera cuadra de Pedro Montt, donde hoy se levanta el Congreso Nacional. Según Juan, “al pasar por la puerta en donde había un marino de guardia, Soledad le dijo ”ustedes fueron…”. Esas fueron las últimas palabras que escucharon Juan y su hermano Víctor. Soledad fallecería cinco minutos después a los diez años de edad. En el obituario del diario El Mercurio, el día 16 de septiembre de 1973, aparecían los agradecimientos de su familia acompañado de una fotografía de Soledad con uniforme de colegio, fotografía que se había tomado en el mes de marzo cuando ingresó a cuarto básico.


“Se veló en la casa y debimos en ese entonces tapar las ventanas con frazadas por el toque de queda. Asistió mucha gente al funeral”, comenta María. Soledad cursaba en ese entonces el cuarto año básico, en una desaparecida escuela ubicada en Calle Eusebio Lillo. Según su hermana, Soledad era una buena estudiante. “Era muy tranquila, hacendosa y cuidadosa con su persona. Era muy preocupada, ella se lavaba su ropa pese a lo chiquitita que era. No le gustaba que se la lavaran. De hecho ese día había lavado toda su ropa”.

Durante los treinta y cuatro años que han pasado, solo los dos primeros la familia celebró misas de aniversario de la niña. Es más, el tema a nivel familiar casi no se toca. María comenta que en varios oportunidades algunos vecinos o vecinas le sugerían a su papá que denunciaran o informaran estos hechos, en particular cuando retornó la democracia. Sin embargo, él decía que no, porque nunca iba a sacar provecho de la situación, ya que ni con toda la plata del mundo se la iban a devolver”. De esta manera, hasta la fecha, existe un pacto familiar entre hermanos y hermanas:. “Nosotros como familia respetamos esa decisión de mi papá. De hecho nosotros no hablamos este tema, no porque no queramos, sino porque para nosotros fue y es un hecho doloroso. Esta es la segunda vez que lo converso con una persona extraña”.

Al final de la entrevista con Ana y María Poblete, hermanas mayores de Soledad y su esposo Juan Silva, se da un clima que permite la conversación evocando incluso pasajes de sus vidas que la conectan con Soledad, su población y sus vecinos en una época especialmente difícil.


Este 14 de septiembre Soledad Poblete, cumple 34 años de su muerte. Casos como el de ella tienen un reconocimiento en el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, más conocido como Informe Rettig, en el apartado de categorización sobre las muertes y las formas de entender las víctimas en el régimen militar y en particular de aquellas que sucedieron después del 11 de septiembre de 1973. El caso de Soledad debería ser consignado como víctima de enfrentamientos armados, es decir aunque no es una víctima de violación de derechos humanos en forma estricta, la comisión Rettig, estima que por la complejidad de estos hechos deben ser reconocidos en el informe y de hecho los logra identificar bajo una subcategorización.

Final de Calle Cantú

Pese a que la familia ha mantenido firme su decisión de no informar sobre éste hecho, hoy por hoy, aunque la familia decidiera hacerlo no tendría la posibilidad que el Estado acogiese su solicitud para ser incluido en el Informe Rettig. Haciendo historia sobre el origen de la Comisión, ésta se creo el año ’91 con el objetivo de recabar todos los casos sobre violaciones a los derechos humanos que pudiesen ser recabados. Las denuncias fueron recepcionadas por la Comisión hasta el año ’94. En la actualidad no existe ningún organismo facultado para la calificación de situaciones no denunciadas dentro del periodo estipulado por la Ley, según palabras de un funcionario de la Subsecretaría del Interior.


Noticia aparecida en El Mercurio a propósito de enfrentamientos en sector Barrio Puerto


Para vecinos y vecinas del sector donde vivió Soledad, lo sucedido esa tarde del 14 de septiembre de 1973, cada vez es un hecho atenuado por el tiempo y el olvido. La comunidad y sus organizaciones no han prestado atención a estos hechos que de seguro generaciones jóvenes y vecinos actuales desconocen. Una parte de la historia de Soledad y los momentos posteriores , es un esfuerzo para la memoria de varios vecinos y vecinos que intentan en vano recordar los sucesos. Es legítimo que la familia tiene el derecho a guardar con celo la memoria de Soledad, pero no es menos cierto que la sociedad y la comunidad más cercana tienen el deber de honrarla también como sujeto de derechos, aún a pesar de los treinta y cuatro años transcurridos.

Calle Cantú por donde subió su hermano y Juan con Soledad.

Soledad sigue descansando hoy , al lado de su padre en el Cementerio de Playa Ancha y es una tenue luz que nos interpela a que hechos como los que vivimos no vuelvan a repetirse en nuestro país. En este sentido deseamos hacer nuestras las conclusiones del Informe Rettig que plantea que debemos “reflexionar con devoción cívica acerca de cómo hemos de comportarnos en el futuro. De esa reflexión debe arrancar el convencimiento cabal que lleve a la certeza de ser la plenitud democrática y el Estado de Derecho los únicos diques capaces de contener la violencia, de hacerla inútil y de proscribirla de manera permanente. Solo así el país estará a salvo de nuevas manifestaciones que hagan de la fuerza ilegítima la rectora de la convivencia y el crimen el recurso habitual de los disidentes. Meditación y educación orientadas al entendimiento entre los chilenos son las obligaciones imperiosas que nos impone el examen de la secuencia de tragedia que hemos debido exponer.

El daño causado a muchos chilenos admite en cierta medida alguna reparación. Un capítulo especial de este informe se preocupa de este tema de tanta significancia humana.”


Memoria Barrio O’Higgins

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estimado Amigo y Compañero

La memoria es un deber de todos. Develar la historia oculta de quienes siempre han estado fuera de las grandes enciclopedias o de los libros que solo hablan heroes y guerras patríoticas, sin reconocer abiertamente su caracter económico, contribuye a mantener viva la identidad de los negados y excluidos.
La historia de los pobres aún está por escribirse. No están en la historia oficial, sus nombres se ocultan e invisibilizan bajo conceptos y categorías sobre las cuales descansan los apellidos rancios que cuando niños nos obligaron a memorizar.