01-07-2007

MEMORIA Y DEMOCRACIA
Jorge Osorio Vargas*


Me aprestaba a escribir esta editorial recordando los veinte años de la Huelga de Hambre por la unidad política de la oposición que dos jóvenes militantes del SERPAJ (Osvaldo Muñoz y Waldo García) realizaron en la Cerro Ramaditas de Valparaíso, cuando fui informado por la prensa del fallecimiento del Padre Juan de Castro, ex Vicario de la Solidaridad en los años ochenta.

Ambas noticias tienen su significado hoy, especialmente por la frágil memoria de nuestros demócratas y el virus del presentismo y del pragmatismo que lleva a muchos a cubrir con el olvido la historia de la defensa de los derechos humanos.

Tanto el gesto no –violento de los jóvenes de Ramaditas, como la vida del Padre Juan, son testimonios que deberían nutrir la escuálida razón histórica de nuestra clase política. La memoria es, en sociedades donde se han cometidos violaciones extremas a la dignidad de las personas, una garantía ética y un depósito patrimonial que el sistema político no puede despreciar.

Las políticas de la memoria son mucho más que la inauguración de memoriales y gestos esporádicos de recordación. Son la herramienta que una democracia saludable debe tener para educar a los ciudadanos en una cultura cívica de respeto de los derechos humanos bajo cualquier consideración o razón de Estado. “Rememorar” es religar el sufrimiento de muchos en el pasado con el compromiso por la vida y la no-violencia.

Como sociedad debemos ser capaces, aun más, de recordar con un sentido ético el pasado dictatorial, para expresar siempre, en cualquier caso, una disidencia radical con una política que use el terrorismo de Estado y los crímenes políticos como fundamento de su seguridad.

La democracia que vivimos es el espacio social y cultural para darle contenido a una cultura de reconocimiento, reciprocidad y mutualidad, de cuidado y hospitalidad, como basamento de la acción política. La “ética del nunca más” debe estar en el corazón del Estado y de todas sus instituciones. Valoramos en este sentido los gestos de la Presidenta Bachelet, que ha creado una agenda de ternura y hospitalidad cívica, que ha sido resistida por la política masculina y por la derecha, pero que en sentido de futuro nos plantea la posibilidad de que la democracia se construya en la proximidad de las comunidades, de los barrios y de los movimientos sociales, haciendo del ejercicio de la ciudadanía no sólo un atributo jurídico sino un proceso de comunicación, lealtad, solidaridad y de desarrollo de recursos morales y de virtuosismo cívico.

La Huelga de Hambre de los jóvenes de Ramaditas fue una muestra de resistencia no violenta a la dictadura, una forma de expresar una ira ciudadana pacífica luego de los asesinatos de la operación Albania y también un llamado a los partidos políticos para que se unieran en la lucha contra la dictadura. Ramaditas se convirtió en un lugar de peregrinación ciudadana, de grupos de derechos humanos, de obispos y pastores, líderes políticos. El Presidente de la Democracia Cristiana suscribió el manifiesto de los jóvenes del SERPAJ. También lo hizo el entonces líder del MDP y el presidente del PPD Ricardo Lagos. Con este acto de no-violencia activa quedaba preñada éticamente la campaña posterior que llevó al fin del régimen militar.

La muerte del Padre Juan de Castro nos permite recordar el trabajo de la Vicaría de la Solidaridad, y de todos los que laboraron en ella. Pero en especial la figura del Padre Juan atento a guiar con coraje y prudencia la acción por los derechos humanos y de defensa de los perseguidos que encabezaba nuestro Cardenal Silva Henríquez. Personalmente fui testigo del amor cívico y religioso de Juan de Castro, cuidando de mí y de mi familia cuando varios militantes de la entonces Izquierda Cristiana estábamos presos en la Penitenciaría, luego de ser detenidos, golpeados y torturados por la CNI, bajo el Ministerio de Sergio Fernández.

Ayer pude agradecer a Juan de Castro cuando me acerqué a la Recoleta Dominicana a velar su memoria.

Espero que los demócratas de nuestro país podamos sellar este recuerdo con un compromiso profundo para trabajar por una sociedad justa.

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Jorge Osorio Vargas es un reconocido historiador chileno. Actualmente es Director Ejecutivo de la Fundación Ciudadana para las Américas y Secretario Ejecutivo del Consejo de las América –Chile. Fundador de SERPAJ CHILE.

Fue Consejero del Consejo del Fondo para el Desarrollo de la Sociedad Civil y miembro de CEAAL, Consejo de Educación de Adultos de América Latina.

Autor de libros y artículos sobre temas de historia, ciudadanía, desarrollo sustentable, educación para los derechos humanos. Es autor del libro “El Deseo de la Memoria: Historia y Escritura”, Escuela de Humanidades y Política, Santiago, 2006.

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Registro Gráfico

Apoyo de las Juventudes Políticas.


Declaración Pública Comité ProUnidad, a un mes del término de la Huelga.



Obispo Juan de Castro Reyes

Un sacerdote fiel
“El padre Juan era una persona que andaba siempre con el ánimo en alto, nunca lo vi decaído. Tenía una gran capacidad de establecer diálogos y relacionarse con las personas con las cuales trabajaba. Como sacerdote, de una lealtad y fidelidad a toda prueba con los distintos Arzobispos con los cuales colaboró. Era un sacerdote que buscaba siempre un mayor contacto personal con el Señor a través de la oración, de la celebración eucarística”. Así lo recordó Monseñor Cristián Contreras Villarroel, Obispo Auxiliar y Vicario General de Santiago, quien trabajara como el Padre Juan De Castro, en los años 1987-88, cuando éste último fuera rector del Seminario Pontificio Mayor de Santiago.


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