14-02-2007


EL “NEGRO MASCAREÑO” O EL ÚLTIMO CANTOR POPULAR DE RAMADITAS

“Soy sueño de Ramaditas, porque soy un caballero.
Subo por Santa Elena y me bajo por los Polleros.
Las calles que yo tráfico, las calles de Ramaditas.
Donde el Perico, donde el Perico sí, calle Fortuny

Donde tomaban los guapos el día Lunes.
Vamos hacer la mañana donde Juan Salas”
Cueca a Ramaditas, de Gilberto Espinoza, “Mascareño”, mediados de los ’60.

Si Ud. pregunta en Ramaditas, a la altura del Club "Subiabre”, por Gilberto Espinoza, lo más probable es que nadie le pueda contestar al respe cto.Pero si pregunta por “Mascareño”, la respuesta vendrá de inmediato. La verdad es que de alguna manera, y con el cómplice paso del tiempo, “Mascareño”, se transformó en el nombre artístico de Gilberto Espinoza, vecino y cantor popular del Cerro Ramaditas que a sus 82 años de vida, aún le saca chispas a la vihuela y lleva en su memoria más de 150 valses, cuecas y tonadas. Sin embargo, su nombre aparece en la conocida cueca “Santiago”,allá por los ’60, en las improvisaciones que se hacen al principio. Junto a él aparecen en los saludos cuequeros, entre otros, Riffo y “Estropajo”, dos desaparecidos cantores populares de la bohemia porteña, también vecinos del cerro Ramaditas.

El año 2004, el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes, le entregó un reconocimiento por su aporte y trayectoria en el canto popular. Ha cantado, compartido su música y también escenarios con diversos cantores populares de la región, así como con los desaparecidos “Chileneros” de Santiago, precursores de la cueca chora y con los Inti-Illimani durante los carnavales culturales.

El “Negro Mascareño”, nació en San Roque, un 27 de Enero de 1924. De adolescente, le llamó la atención la actividad de su padre, también cantor popular que alegraba las almas de ese entonces, “mi papá tocaba la guitarra y yo salía a cantar con él, le sabía todas las canciones que él cantaba”, afirma don Gilberto. Junto con la inquietud musical familiar, don Gilberto estudió en la escuela de su cerro. Recuerda que estuvo hasta 6º humanidades “por que en ese tiempo el que no tenía plata no iba a la universidad”. Junto con ser bueno para las matemáticas, también lo era para el deporte, “me gustaba el fútbol…jugaba por el Deportivo Las Zorras, también jugué en el Club Solari”.

A los 15 años, don Gilberto comenzó sus primeros pasos en el arte de la vihuela. Las Quintas de Recreo del cerro San Roque, comenzaran a conocer su incipiente talento. Como lo cuenta el “Negro Mascareño”, “en ese tiempo estaban todas las quintas en San Roque con música toda la semana”, comenta. De esos lugares solo quedan los recuerdos.

Fue así como conoció y rasgueo las cuerdas de su guitarra en las quintas de recreo “Ugarte”, “Cofré”, “Gutiérrez”, la “Alba Rosa”, la “Urtubia” y la “ Justina”, la “Santa Laura” y la “O’Higgins”, “La Aguilera”“El Danubio” y la “Murillo”. “Ahí en las quintas estuve 3 años aprendiendo”, comenta con gran lucidez a sus 82 años de vida. Recuerda también que con ayuda de un papel en que tenía anotados los acordes y canciones, junto a los consejos de su padre, logró finalmente “peinarse” con la guitarra.

Su primer trabajo o salida “fue en un rodeo en “El Salto”, en Viña, donde había una cancha con una media luna. Ahí fue la primera vez que salí a cantar a una ramada. Después principie a salir a Limache, Calera, Olmué, Quebrada Alvarado, La Dormida, Las Palmas, hasta el Rodeo de los Andes y Llay Llay”, lugares en que se perfilaba como un cantor de cuecas y tonadas. No en vano comenta don Gilberto que “yo soy folclorista más que nada”.

Después de eso, El “Negro Mascareño” fue personaje conocido en Valparaíso. Animó y alegró las fiestas de los años 50’ y 60’ en diversos locales nocturnos del Puerto, cuando el puerto era puerto y cuando la guitarra era doña guitarra. En la conversación nombra clubes deportivos, quintas de recreo, bares y restaurantes: “Las Quinchas”, “El Perico” en Ramaditas junto con el famoso clandestino de Juan Salas, a quien se acusaba de arreglar el vino con agua en avenida Washington aun resuenan los nombres de el desaparecido “Gallito” , “El Porteño”, que luego de un incendio sobrevive y resiste junto a su dueño, el gordo González, amigo incansable y paletea’o de Mascareño. De esta larga lista no se escapa el “Coquimbo-Atacama” en la calle Victoria.


En la conversación salen a relucir sus amistades y compañeros de canto. Con especial cariño nombra a sus amigos de Ramaditas que lo acompañaban en sus salidas: “el Negro Carmona”, el “Chico Herrera”, Lucero, Mario Cabas, el “Loco Marín”, el “Cuadra’o” Elías Zamora en la bateria, el “Chico Nola”, el “Chico Juan”, Noguera, “Panchito Arriola” el acordeonista. Don Gilberto, con fresca memoria no se cansa de evocar a sus compañeros de música y sigue,“en Polanco estaba el “Guatón Lino”, “Lechuza” y el “Lora”.

“Antes se pasaba bien. Ahora no se oye a ninguna persona que canté. Ni en los bares.”, se lamenta Mascareño, afirmando su guitarra española tasada en trescientos milpesos, punteando de vez en cuando y tarareando una tonada.

Sorprendemente su memoria le funciona bien, “tengo como 100 valses escritos en una libreta, están solo los nombres de las canciones, pero me acuerdo de todos… tengo tonadas, valses, cuecas, tengo más de 50 cuecas, 51 tonadas.”, comenta orgulloso mirando a su señora y su hijo que lo miran a su lado.

Don Gilberto, nunca ha grabado en forma profesional, salvo las grabaciones que sus hijos han registrado en fiestas familiares,”…tenemos más de 10 cassetes con canciones, sin repetir”.

Desde hace cuatro años, “Mascareño” toca en un grupo de veteranos folcoristas, se llama “La Isla de la Fantasía”, y han editado con el apoyo de un proyecto del Fondart, un disco que grabaron en forma artesanal en casa de uno de sus integrantes.

Pero Mascareño, no siempre trabajó como músico, “…trabajaba en la música y después me puse a arreglar zapatos, “…aprendí mirando a mi papá ya que era zapatero, pero tiempo después principió que me empezó a fallarme la vista. Toda la vida he trabajado en la música”.

Don Gilberto, como hombre y padre ha vivido alegrías propias de su trabajo y por supuesto satisfacciones familiares. Sin embargo, las penas han hecho lo suyo: ha perdido cinco hijos de los doce que tuvo. Una de sus últimas penas fue la pérdida de Felipe, su hijo menor en tierras extranjeras, pena difícil de sobrellevar, pero que con la solidaridad familiar, algo se atenúa.

En la tranquilidad de su casa en Ramaditas, “Mascareño” rasguea las cuerdas de su guitarra española y comienza una vez más a cantar una de las cientos de tonadas que su memoria logra retener. “Mascareño”, es un testigo elocuente de una época que forma parte de la historia social y local de los cantores de antaño, cantores de una tradición con orígenes en las chinganas y ramadas de cada ciudad y pueblo. Los cantores populares ofrecieron entretención y olvido ante las injusticias propias de una cultura latifundista.

“Mascareño” como tantos cantores de época, siguen de pie dignos, cantando de verdad a gente de verdad, como claro signo de resistencia ante la música electrónica y el tiempo implacable, por lo demás una constante en el canto popular chileno.

5 comentarios:

Carolonline dijo...

Muy conmovedor el tetimonio aquí leido. Debo cvonfesar no sabía del caso quizás esta fragilidad de la memoria la haya omitido . No obstante esta publicación nos enseña lo mucho que hicieron compañeros cristianos en pos de la lucha por recuperar la dignidad de un pueblo sometido. Saludos.

Norman dijo...

El sr Mascareño fue vecino mio, jaja increible, el me afino varias veces mi guitarra, Pese a vivir muchos años en ese sector nunca supe la historia hasta hoy, a mis 25 años.
Dios quiera que algun vecino vea esta leyenda
Soy Gonzalo, el nieto del pelaito Gonzalez

jose dijo...

me conmueve mucho ver estas lineas de alguien que llevo la música popular tan alto, y tengo una cercanía muy grande con ello ya que mi abuelo era armando lucero "el estropajo".
me llena de alegría saber que mi difunto abuelo formo parte de algo tan grande en mi querido valparaiso

claudia pulgar dijo...

Soy nieta de Mascareño, me siento orgullosisima de él, por todo lo que nos entregó, por su amor a la familia, a la música, lamentablemente el día 07 de julio de 2015, nos dejó, después de una larga enfermedad, estamos muy apenados pero sabemos que está en un lindo lugar, Gracias Gilberto Espinoza "Mascareño", te amaré por toda mi vida.

claudia pulgar dijo...

Hermosa historia, me llega tanto, me siento orgullosa de Mascareño, es mi abuelo.